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miércoles, 19 de agosto de 2015

CREVILLENT: LA CÓMODA INCOMODIDAD


Ser de Crevillent marca. Supongo que como todos los lados...¿verdad?. Yo he vivido aquí 30 de mis 34 años, casi nada. Y aún no he comprendido el pueblo, su gente, su cariz, su idiosincrasia. Aunque bien es cierto que estos últimos dos años (cursos 13-14 y 14-15) me he aproximado al crevillentinismo (el punto máximo de inmsersión en este modo de ser puede considerarse que fue mi viaje a Sevilla con los crevirunners) siempre que creo que he comprendido algo, que he atisbado ligeramente la esencia del Crevillent puro siento al tiempo una sensación de extrañeza, de lejanía, un no sé qué que me dice que no he entendido nada.

Pueblo serrano, situado en un cruce de caminos entre Elche y la Vega Baja del Segura pero a su vez algo aislado, apartado. Una gran tendencia a cerrar su universo, un deje de autoreferencialismo tan poco extraordinario como persistente y muy propio.

La serra, la semana santa, els moros i cristians...¿Qué más?. Antaño la alfombra (ville du tapis), el trabajo del esparto, las cuevas...el pueblo del sube y baja, de las escaleras. Hoy estuvo aquí José de Alicante con Victoria quizás acercándose al Crevillent intenso, inmarcesible.

La tertulia el Cresol, las bandas de música...un pueblo vacío, en el que todo el mundo dice que no hay nada que hacer, al que todo crevillentino critica por su falta de oportunidades. Y sin embargo querido como a la madre incómoda, idolatrado por mucho de sus vituperantes crevillentinos ausentes....Què bonico és Crevillent...Però, como diría Mou. ¿Por qué?...

En 5 días me voy por tercera vez a Barcelona, por cuarta vez del pueblo si contamos la vez que marché a Valencia. 2006, 2010, y ahora 2015. Irse y volver, como contábamos en otro post...

Desde noviembre vivo debajo de la carretera, un mundo, que como contamos en numerosas ocasiones, es un Crevillent menos Crevillent, poco Crevillent. Este barrio no es como el de las cuevas, no es como el barrio del pont, no es como viure en la plaça. No es bayona, no es barrio del pont.


Rumiaba yo estas palabras corriendo el otro día por la rambla, el antes vacío central, uno de los corazones de Crevillent. Este agosto he visto el pueblo menos vacío que otros años o me lo ha parecido a mi. Ahora mismo, no obstante, el crevillentinismo se juega más bien en los campos y en los éxodos de la playa donde los crevillentinos dispersos se buscan para re-renunirse en su exilio de Guardamar, el pinet, arenales, la marina, cabo roig y otros tantos.

Aún recuerdo cuando de jóvenes en veranos decíamos todos que estábamos cansados de pueblo, de salir en el pueblo, en el yuppies zone, de ver siempre a la misma gente. Ya apetecía cambiar, ver cosas nuevas...sin embargo nos juntábamos en la discoteca Elcano de Santa Pola a re-reconocernos con otros del pueblo.

Sin escribir quedarán los posts sobre las calles del querido barrio Sur (en especial las calles Lluís Vives y Pintor Velázquez) y la tentativa de agotamiento de la calle Nena, cuna del ilustre personaje Sansano, tan poco Crevillentino como exponente clásico de este ser y no ser, de este crevillentinismo que no existe pero vuelve, que habita sin habitar, que es está y se va...

Lugar fallido, no lugar potente pero huidizo, siesteo de pueblo dormitorio, satélite frustrado de Elche. Vamos para todo a Alicante, escapada a Murcia, matrimonios mixtos, paella en el camp del Ñora, la dina dels bomberos, jo treballaba en la Imperial, eixe es cosí segón de ma tía, mos veem en el bar Mickey primo.

Mucho he reflexionado en estos meses sobre "La plaçeta" o la plaza del cavall o simplemente la plaça, nuevo centro neurálgico de un crevillent incomprendido, del bruno Ronda que torna però mai està, de esa vida que pasa sin detenerse. Los domingos del corner y del D'Or con el Rafa y la Begoña, ver pasar a la tía merce o a Avelino, al tío Vicent con el perro, al Salva el ex de mi prima Carolina, a aquel perro consuetudinario, a la vecina de saludo fugaz. Mucho tiempo soñamos también con establecernos aquí, en este aquí inasible, denso e instantáneo de la mano de alguna xiqueta del poble que nunca salió sin salir pese a intentos postreros que antecedieron invariablemente a las huidas reiteradas. To Crevillent o not tu Crevillent, no es una cuestión, es la propia esencia de un laberinto sin traza, del enigma irresuelto, irresoluble y eterno. J'ai rien vu a Crevillent...

Vamos a Barcelona, tornarem però no comprendem mai res. Res

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